Hace poco se comentaba por los
foros profesionales que una de las ventajas de ser traductor autónomo es que,
al trabajar desde nuestro rincón, podíamos hacerlo hasta en pijama, que la
imagen no importaba. Pues bien, esto es lo que opino yo al respecto: DEPENDE.
¿De qué depende? De varios factores: del momento, del lugar, del tipo de
traducción al que nos dediquemos...
El trabajo del traductor no
consiste solo en traducir. De hecho, para poder llegar a esa etapa tenemos que
ganarnos los clientes, que son los que pagan las traducciones de las que nos
vamos a ocupar y, después, mantenerlos (por si acaso alguien piensa que una vez
conseguida la cartera, nos podemos relajar). Si se presenta el caso y un
cliente nuevo, que no nos conoce, ni tiene referencias, pide una traducción,
una imagen correcta nos ayudará a captarlo. ¿A qué me refiero con imagen, si
hoy en día, con Internet, ya ni nos vemos las caras? Pues a una buena imagen
corporativa, un logotipo descriptivo y exclusivo, una página web bien hecha y,
más concretamente, a una respuesta precisa, adaptada, rápida... Pero este es un
caso extremo, porque aunque no nos veamos en persona (que sería lo ideal), todo
cliente se forma una imagen del traductor, y viceversa, y esa imagen debemos crearla
y conservarla, no solo a través del aspecto, sino con el comportamiento y el
trabajo que realizamos. Muchos son los factores que afectan a la imagen que un
cliente tiene de sus proveedores, por eso, no es recomendable descuidar
ninguno.
En cuanto al aspecto, existe una
gran diferencia entre dar una buena imagen e ir de etiqueta. Si bien es cierto
que nuestra profesión, en ocasiones, nos permite libertad para elegir la ropa
que llevamos al trabajo (ya sea al despacho de la habitación de al lado o a una
oficina alquilada, las oficinas de un cliente, una agencia, etc.), en otras, es
mucho más exigente de lo que parece. En función del campo o la especialidad de
la traducción, el traductor tendrá más o menos flexibilidad con la indumentaria.
Me explico, si nos dedicamos a la traducción jurídica o económica, nuestros
clientes serán bancos y entidades financieras, un ámbito en el que no llevar
traje es impensable, por lo que si nos reunimos con un cliente y no nos
adaptamos a su sector, este percibirá una falta de conocimiento o interés que
puede jugar en nuestra contra a la hora de ganárnoslo; será mucho mejor un
traductor que conozca los protocolos, tanto implícitos como explícitos, del
mundo en el que se va a mover. Por otra parte, si nos dedicamos a la traducción
de textos turísticos, estos encuentros ofrecerán mayor flexibilidad respecto a
este tema (lo que no quita que si vamos en bañador, no nos dejen ni entrar a la
sala de reuniones).
El truco está en ser precavido,
observador e interesarse por el sector del cliente para adaptarnos a él, tanto
en aspecto como en el uso del lenguaje y la comunicación (que al fin y al cabo,
refleja nuestra manera de trabajar). Una buena presencia no implica tener que
llevar traje todos los días, pero es indispensable mantener una higiene y un
aspecto adecuados, porque en cuanto menos lo esperemos, salta la liebre. Si
estamos frente al ordenador y un cliente nos llama por vídeo conferencia, mejor
no hacerle esperar mientras nos arreglamos o rechazar la llamada, puesto que
podemos perder un proyecto o hasta el cliente. Es importante estar siempre
alerta y preparados para no perder ni un minuto, porque el tiempo, tanto del
cliente como el nuestro, es lo más valioso que tenemos y podemos ofrecer.
¿El aspecto importa? Interesante experimento: http://www.upsocl.com/comunidad/puede-la-apariencia-salvar-tu-vida-este-experimento-lo-pone-a-prueba/#
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